Por Carlos Hartig.
En una movilización histórica que desbordó las principales arterias de la capital nayarita, más de 3 mil mujeres marcharon este 8 de marzo para exigir justicia frente a una crisis de violencia que no da tregua. El contingente, que partió de la glorieta de la Hermana Agua, transformó el espacio público en un escenario de reclamo social, donde madres de víctimas de feminicidio y colectivas como Marea Verde encabezaron la columna, señalando la urgencia de frenar una violencia que, a nivel nacional, dejó la alarmante cifra de 725 feminicidios durante el año 2025.

Bajo el estruendo de la batucada y consignas como «El Estado opresor es un macho violador», la marea morada avanzó por la Avenida México, realizando paradas estratégicas en el Palacio de Gobierno, el Congreso del Estado y el Poder Judicial. En estos puntos, las manifestantes instalaron el denominado «Tendedero», una herramienta de denuncia pública donde se exhibieron fotografías y nombres de presuntos agresores, abusadores sexuales y deudores alimentarios, evidenciando la desconfianza ciudadana hacia los procesos formales de impartición de justicia.
La jornada destacó por su pluralidad, integrando bloques de mujeres con discapacidad, comunidades de pueblos originarios, estudiantes y sobrevivientes de violencia vicaria, quienes intervinieron edificios públicos y el atrio de la Catedral con testimonios y pintas. Las activistas denunciaron una «cultura de la simulación» dentro de las instituciones gubernamentales, acusando que la burocracia y la falta de perspectiva de género en las fiscalías permiten que los delitos contra la mujer permanezcan en la impunidad, protegiendo sistemáticamente a los agresores.

Durante los pronunciamientos, se hizo especial énfasis en la inseguridad que permea en espacios supuestamente seguros, como universidades y centros de trabajo. Las líderes del movimiento criticaron la «ineptitud institucional» y la indiferencia de una sociedad que, en muchos casos, normaliza el acoso. «No es una celebración, es una lucha por la vida», resonó entre la multitud, advirtiendo que la rabia digna de las nayaritas no cesará hasta que las políticas públicas dejen de ser discursos políticos y se conviertan en acciones de protección real.
La movilización concluyó en la pérgola de la Plaza Principal, frente a la fuente de «Las Ranas», con la lectura de un manifiesto que exige reformas legales inmediatas y un alto a la simulación en la atención de casos de violencia de género. Con el cierre de esta jornada, el movimiento feminista en Nayarit reafirmó que la toma de las calles es su herramienta de resistencia más potente, dejando claro que el silencio se ha roto de manera definitiva y que la vigilancia sobre el Estado será permanente hasta alcanzar una justicia tangible.
